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ALTAVOZ 2011 - Nestor Álzate Arias y Esteban Betancur Pulgarín

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Una voz que cada año se alza para pedir igualdad...                                                        

Enormes crestas, cabellos largos, cabezas rapadas, dreadlocks, rastas, mimos, máscaras y rostros pintados, trajes y botas de cuero, sandalias, gorras, pantalones camuflados y hasta desnudos en tarima con su cuerpo pintado, pudimos ver este año en una nueva versión del festival internacional Altavoz 2011, donde quedó demostrado una vez más que es posible la convivencia en un mismo espacio de personas que diferentes maneras de vestir, pensar y expresarse a través de la música.

Las filas eran enormes y no importó en ningún momento el calor del sol de medio día, ni el lodazal que se formó en la cancha auxiliar del cincuentenario por causa de la lluvia, donde el único inconveniente que se presentó, fue que la gente no cupo una vez más y hubo muchos en las afueras, que protestaron por no haber podido entrar al festival, especialmente el día lunes, donde quedó claro que Medellín necesita un escenario a la altura de las grandes ciudades para eventos como este.

Altavoz 2011, como ya es costumbre cada año, fue un espacio, donde jóvenes de Medellín y otras ciudades del país, expresaron nuevamente sus estilos de vida al ritmo de la música e inclusive hubo espacio, por medio de pancartas en los tres días del evento para manifestar la inconformidad de tantos en contra de la reforma a la ley 30 de la educación en Colombia.Tolerancia, multiculturalidad, pluralismo y respeto fue el balance de este año de un festival, que a medida que toma mas en importancia en nuestro país, exige igualmente espacios más apropiados para que la fiesta no se vea empañada y siga creciendo a nivel internacional.

 

   

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DE PALACÉ A NO ME ACUERDO - Santiago Trujillo Velásquez

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MaloBueno 

Por estos días he estado deprimido. La depresión es la manifestación de un desequilibrio en el alma, o mejor, es una búsqueda de equilibrio.  Y dolorosa.

No sé muy bien qué resortes internos se mueven, pero el resultado es un estado  de ánimo lento, una tristeza que no se resuelve, unos pensamientos carniceros de uno mismo, aplastantes, furiosos; cansancio físico, parálisis del deseo, pérdida de la memoria y otras cosas que no recuerdo.

Alguna vez que estuve deprimido un no sé qué interno me condujo al centro de la ciudad. Instintivamente, sin haberlo planeado, ni imaginado, fui llegando al centro. Y sentí un alivio que no me esperaba. ¡Quién iba a creer que el aparentemente caótico centro de la ciudad pudiera servir de medicina para un pobre deprimido!

Así que hoy, navegando en los mares estancados de la depresión tomé un bus hacia el centro. Ya lo había hecho antes. Tal vez pudiera funcionar. Y funcionó. No voy a decir que ahora salto en una pata o que reparto sonrisas a diestra y siniestra, pero por lo menos llevo unas horas más dignas. Mi conclusión, el centro, es El Centro.

Cuando estás en el centro, de la ciudad o de tu alma, todo está en equilibrio. (Hay depresiones equilibradas y desequilibradas. La depresión desequilibrada es cuando uno quiere huir de ella y no la acepta, o cuando uno quiere regodearse en ese sentimiento de minusvalía aderezado con una dosis generosa de lástima de sí mismo).

Cuando me bajé del metro, en el que venía sentado como un zombie,  vi un señor de gorra de lana que vendía discos piratas de música andina. Empecé a sentir un contentillo en el alma. Me gusta la música de los Andes, me anima, es música que no escucho ni en la casa ni en el trabajo. La cosa pintaba bien.

Antes de la música ya venía pensado en el centro como símbolo y como realidad. En el centro, del alma y de la ciudad, coexisten las cosas más disímiles. El centro es un lugar incluyente. Así, puede verse el ejecutivo de la bolsa de valores caminando por la misma calle que recorre el mendigo o el reciclador, y que sirve de local al vendedor de lotería cuyos billetes organizados por filas y columnas reposan en una mesa larga. El centro es también una reminiscencia de los pueblos. Allí se pueden escuchar los músicos de carrilera,  los vallenateros, y ver el señor que baila salsa con una muñeca de trapo.

Voy por ese pueblo residual del centro y me imagino que soy mi padre caminando por su pueblo, divirtiéndose con la amplia variedad de sonidos, olores, voces e intercambios humanos. Y me digo que es sanador volver a las raíces, que el pueblo nunca se perderá y que nunca debe perderse.

Atribuyo también mi alivio a que en el centro no importa quien eres. Es una cosa maravillosa; hay una libertad de ser: ladrón, ejecutivo, vendedor, transeúnte, jubilado, prostituta, predicador, estudiante. En el centro se puede SER. En el centro confluyen todas las tendencias, las imágenes, los sonidos, y cohabitan en un ruido armonioso.

Seguí más adelante, rumbo al occidente y me tocó presenciar a un moderno culebrero sin culebra. El señor se hacía llamar a sí mismo el Indio, porque hablaba de sí mismo como si fuera otra persona “ustedes me van a decir, ¿indio, cuanto vale esto?”. “Da hasta pena decirlo, solo vale miserables, insignificantes, da hasta pena decirlo, joven, vaya preparando la plata, da hasta pena decirlo, vale miserables…. Señora, ¿usted es casada? Con esta raíz puede salir y darse su segunda luna de miel. Vale miserables… da hasta pena decirlo, y por fin lo dice, tres mil pesos. “El paquete de dos, si se quiere hacer el tratamiento completo le vale cinco mil pesos. Cinco mil pesos que se gasta usté en un croasán con coca – cola allí en la panadería…”

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DISPAROS DE ARTE - Estefanya vargas Saldarriaga

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MaloBueno 

                                                                                                           

Medallo se llena de sangre, explosiones, huérfanos y viudas. La ciudad parece inundada del líquido vital que se derrama. Jóvenes que se encuentran en una especie de ring de boxeo, en esta esquina los justicieros que por unos pesos que calmen el hambre de hoy acaban con los sueño de cualquiera, y en esta otra, aquellos pelaos que aún no se han dejado robar las esperanzas. Esperanzas que tratan de expresar en las rimas de su canto, en los colores de sus “grafos”  y en los saltos de su baile.

Sí, la ciudad de la eterna primavera guarda desde hace muchos años una historia violenta, pero también grandes proyectos en los que los jóvenes ya no quieren empuñar un arma para ganarse un respeto efímero, sus ideas de protesta, de no tragarse más el dolor, las explotan en arte y es el arte urbano el que brota por su piel. Y relacionamos a estos artistas con pandilleros porque es así como comúnmente los tilda la sociedad, sin saber que en sus entrañas se crea un cambio real desde el pensamiento y las obras. Es así como La escuela popular de arte urbano “HIDRA DE LERNA”  es un espacio, sin lugar determinado, pero que habita en cada integrante, donde están dispuestos a pensar un mundo distinto y aportar su granito de arena recibiendo a todos los jóvenes que quieren sentirse parte de una sociedad sufrida que requiere una lucha, jóvenes que quieren aprender a rimar sobre el sonido que hace el bombo y la caja acompañados de un bajo, que deseen expresarse a través de muros donde plasmen ideas que nunca mueran, que quieran danzar como guerreros mostrando sus piruetas en el baile.

Esta escuela secuestra. Sí, rapta a niños y jóvenes de la esquina de la violencia para sumergirlos en el pensamiento profundo, donde del arte se haga toda una revolución para combatir el silencio y el miedo.

HIDRA DE LERNA, es una escuela creada por ideas de muchachos que quieren cambiar la historia y el estereotipo que se percibe cuando se habla de rap, break dance, entre otros ritmos urbanos que no son más que la protesta para que los jóvenes de hoy analicen, crean y tomen posiciones criticas frente a la sociedad que los rodea. Son ideas que aún no reciben apoyo, pero que ellos con sus fuerzas impulsan y se hacen sentir, con sus festivales de hip- hop organizados en el municipio de Copacabana, de donde son, talleres de formación en las distintas artes y siempre un espacio dedicado al crecimiento del ciudadano para un mejor mañana.

Para pertenecer a esta escuela solo es necesario dejarse seducir por el arte e ideas renovadoras, ideas que han sido escuchadas y promovidas por los seis organizadores de la escuela, pero que es seguida, liderada y resaltada por mas de 200 pelaos que sueñan con que las únicas armas que se empuñen en este país sean un bolígrafo y el micrófono.