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Un sábado de Urbanorte PDF Imprimir E-mail
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Cinco de la tarde, hora acordada para la reunión. En la cafetería sólo se escucha rodar las hojas que el viento tumbó de los árboles y los gritos del grupo de scouts que juegan en la manga. El reloj marca las cinco y cinco. Con el pasar de los minutos van llegando los citados de acuerdo a su sentido de puntualidad. Andrea, Marelbis, Sindy, Carlos Adrián, Kelly, Liliana, Robin, y ¿Dónde está Diana? Debe estar por llegar, dice alguien con expectativa. Lo que no se vendió, no se vendió. Viviana cierra la cafetería y se despide de los presentes. Antes, Andrea compró unas galleticas de avena como para endulzar la espera. El reloj sigue corriendo y sin piedad marca las cinco y cuarenta y tres de esa tarde de sábado. Maria Andrea llega dos minutos después un poco agitada y con unas gotas de sudor en la frente que delatan la prisa. ¿A Ver pues el tintico? Pregunta. ¡No ves que la cafetería está cerrada! Le dice Sindy. En medio de la preocupación por algunas tareas sin realizar, risas van y risas vienen. Diana llega con su hijo Federico y dice Cómo habré llegado de tarde que Maria Andrea llegó primero que yo. El comentario es celebrado por todos con unas risas más. La reunión comienza.

Sindy y Kelly, la crónica de los paleros. Edwin, las noticias y la agenda cultural. Andrea, la historia de Zamora. Maria Andrea, el foto-reportaje y algunas historias rayadas. Marelbis y Liliana, la palabra del mes. Diana, la editorial. Algunos con adelantos, otros con el trabajo completo. Nadie llega con las manos vacías. La idea del periódico los seduce a todos. Los periodistas que llevan dentro afloran tras cada historia, tras cada noticia. Es emocionante saber que van a ser leídos, que su voz, conjugada con la voz del cotidiano, será escuchada a través de sus letras.

¿Cómo se va a llamar el periódico? Pregunta Robin. Lo necesito para montar la plataforma en la web, agrega. Luego, la lluvia de ideas. Al fondo a la derecha, Cronoretórica, Zeus, Prohibido Callar, La Chimenea, El Zancudo, Combo-net, Norte Urbano, Urbanortec ¡Sí! Urbanorte, así se va a llamar. Todos están de acuerdo. Es el nombre apropiado. ¡Súper! Dice Diana. Todos se ríen. Hasta la profe dice Súper, el que entre la miel anda algo se le pega, ¿no? Dice Marelbis. Vea Margulebis, usted no se ría tanto y mejor tome nota del nombre para el acta de la reunión, dice Diana en son de charla. Y un poco salido de contexto, Adrián con su humor característico dice, Yo tan lindo, ¿cierto? y todos se ríen como para no perder la amistad.

El reloj no ha dejado de correr. Marca las siete y cincuenta y cuatro minutos. El portero empieza a rondar la cafetería. Es señal de que se deben marchar. Se acerca y antes de que pronuncie cualquier palabra, Diana le dice, no se preocupe que ya nos vamos. Todos recogen sus cosas. La oscuridad de la Universidad no logra opacar la alegría de los citados. Cada uno toma su camino. Cada uno tiene asignada una tarea más para el próximo sábado. No importa, la pasión por escribir los inunda, se nota en la cara de satisfacción que llevan. Nos vemos en clase, dice Diana. Chao muchachos, hasta la próxima. Todos se despiden.

El reloj seguirá corriendo hasta que marque las cinco de la tarde del próximo sábado. Esa es la hora en la que Urbanorte se reúne con el fin de entregarles a los lectores un poco de periodismo urbano.