Cierta vez Lina caminaba como de costumbre hacia la universidad; a lo lejos vio un chico y a medida que se iban acercando le parecía que ya lo conocía de algún lugar, que lo había visto antes, que tal vez tenían una relación muy familiar. Cuando se encontraron cara a cara se miraron fijamente, ella con amabilidad y él con extrañeza; entonces Lina pensó en un nombre, Andrés; sabía que se llamaba Andrés pero no sabía por qué lo sabía. Lina pasó por un momento de confusión, pensaba que se estaba volviendo loca y recordó que días antes había soñado ese suceso, aquel instante en el que veía a aquel chico; se le hizo extraño, pero así fue, un sueño se convirtió en realidad. No le dio demasiada importancia y siguió su rumbo hacia la universidad. Después de su primera clase se sentó en una zona verde del campus a descansar y entonces vio pasar de nuevo a aquel muchacho y otra vez ese acontecimiento se le hizo familiar, también lo soñó y esta vez no pudo aguantar más y fue y lo buscó. Le explicó lo que sucedía y él con una gran sonrisa la invitó a sentarse en un lugar tranquilo en el campus, lejos de todos. Lina inquieta preguntó su nombre y antes de que él le respondiera se respondió ella misma -te llamas Andrés ¿verdad?-. El muchacho asintió sorprendido. Hablaron largo rato sobre lo que le pasaba a Lina. Andrés le explicó que se trataba de un déjà vu; que es algo así como sentir que ya ha experimentado un suc eso nuevo antes de que ocurriera. El descubridor de este fenómeno fue Émile Boirac quien a mediados del siglo XIX acuñó este término francés para explicar esta situación de “ya vivido”. Lina era un poco escéptica, pero con el paso del tiempo lo fue aceptando. La empatía de estos dos personajes fue tal que de muy buenos amigos pasaron a ser novios. Los besos, caricias y apretones de mano eran algo ya vivido por Lina, pero aún así lo disfrutaba porque sabía que no era un sueño. Y pasaron los días y la relación crecía, pero cierto día cuando Andrés y Lina quedaron en encontrarse para ir al cine ella llegó algo triste, decaída; él lo notó enseguida y le preguntó qué le pasaba. Lina calló. Entraron al cine y ella no se le despegaba ni un segundo a Andrés, lo apretaba fuerte como si no lo quisiera soltar nunca más. Cuando salieron eran ya las 11 de la noche, la calle estaba sola y comenzaba a llover. A lo lejos venían unos tipos directamente hacia los enamorados, eran tres en total. Lina se asustó mucho y esta situación le parecía familiar, pero no pudo recordar qué iba a suceder. Los tipos llegaron y con armas |
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